¿Es posible separar la Iglesia Católica del Estado Argentino?

El debate que cobra fuerza en la Argentina y proyecta una nueva marea, esta vez naranja. Una vieja disputa, que en el mundo viene cediendo terreno las apetencias del Vaticano. Por ejemplo, con la aprobación de la Constitución de 1925 en Chile, se separó oficialmente la Iglesia del Estado. Desde la promulgación de la Constitución cubana de 1901 se establecía en su Artículo 26 La Iglesia estará separada del Estado, el cual no podrá subvencionar en caso alguno, ningún culto”. En España, el artículo 16 de la Constitución garantiza la libertad de culto así como la separación Iglesia-Estado. Desde la Constitución de 1857, México​ se proclamó como un estado laico, complementado por las leyes de Reforma, y de igual manera en la actual Constitución de 1917: El artículo 130 de la Constitución, establece que tanto la Iglesia como el Estado deberán permanecer separados. A contar de la Constitución de Uruguay de 1918 se separó oficialmente la Iglesia del Estado.

Parece haberle llegado la hora a la República Argentina, de un debate postergado que permitiría democratizar las instituciones.

El pañuelo naranja, que están usando las actrices y cientos de jóvenes, cobró fuerza en los últimos meses y se extendió en las redes sociales al calor de la marea verde por #AbortoLegalYa. Por ejemplo en un grupo de Facebook denominado Campaña Federal para la Separación Estado/Iglesia.

https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FcampEstadoLaico%2Fposts%2F1054621001388193&width=500

También hay pañuelos de color negro, puesto que hay un sector de la campaña que eligió ese color ya que el naranja fue utilizado por la Iglesia Católica para oponerse a la Ley de Matrimonio Igualitario, batalla que llamó “La Guerra de Dios” y que perdió.

separac

A inicios de este año el jefe de Gabinete, Marcos Peña, reveló que el sueldo de un obispo es de más de 40 mil pesos según el caso, lo cual generó bastante repercusión nacional. Estos están avalados por la Ley 21.950 sancionada en marzo de 1979 que obliga al Estado a pagarle un sueldo a los obispos equivalente al 80 % de la remuneración de un juez de primera instancia. Pero esa normativa fue avalada por los gobiernos posteriores.

Además hay “aportes indirectos”, relacionados con todo tipo de exenciones impositivas, subsidios a las escuelas y colegios confesionales, y un gigantesco patrimonio en inmuebles públicos cedidos por distintos gobiernos.

Fuente : La Izquierda Diario


La Iglesia Católica, el Estado Argentino y la Constitución Nacional

constitucion-1994-argentina.jpg

Hace exactamente 120 años, el 4 de marzo de 1898, se presentó ante la Asamblea Constituyente una solicitud de 22.000 habitantes de la República Argentina, “pidiendo se suprima de la Constitución toda disposición sobre religión determinada”[1].

Como la petición no estaba dentro de los puntos que motivaban esa Convención (convocada para modificar los artículos 37 y 87) el petitorio fue “devuelto a los interesados”.

En un nuevo aniversario de esa solicitud, reivindicamos categóricamente su contenido.

Para ello traemos a colación los fundamentos de otro proyecto, presentado en la Convención Nacional Constituyente de 1994, proponiendo la modificación del artículo 2 de la Constitución Nacional[2].

Se decía entre las razones de dicho proyecto:
“El artículo 2 contiene una discriminación anacrónica. La concepción del mundo, y por ende, del fenómeno humano y de la propia persona, es por excelencia un acto íntimo y privado, quizá el más íntimo y el más privado, en que el Estado no debe penetrar, so pena de incurrir en autoritarismo o totalitarismo.”

“Un Estado democrático no puede subestimar la religiosidad de sus habitantes ni la elección de quienes participan de concepciones del mundo no religiosas. En cualquier caso, se trata de la conciencia que busca su verdad por medio de la fe o de la razón o de cualquier otra vía, y es deber del Estado generar el espacio social más amplio y libre de intromisiones –coactivas o discriminatorias- para que esta pueda operar sin coerción externa alguna.”

“Cualquiera sea la concepción del mundo de sus habitantes, es deber del Estado respetarlas todas, imponerles le respeto recíproco y coadyuvar al desarrollo de sus manifestaciones reforzadoras de este respeto y socialmente positivas. El respeto a la conciencia de los habitantes es el respeto de estos como personas, es decir, como seres dotados de conciencia, y el respeto entre ellos es la regla de la convivencia pacífica, que es más auténtica y firme cuando la precede la paz de cada uno de ellos con su propia conciencia, fenómeno individual e intimísimo que el Estado sólo puede contribuir con su coacción, garantizando la no coacción en la elección.”

“Es incompatible con la idea de un estado democrático imponer a todos los contribuyentes el sostenimiento material de una iglesia a la que estos pueden o no pertenecer, por pertenecer a otra o por no pertenecer a ninguna. Por el contrario, la verdadera vocación democrática de un Estado moderno le impone revalorar la dimensión de la religiosidad de sus habitantes tanto como el respeto por quienes no comparten ninguna cosmovisión religiosa, en el marco de un pluralismo libre de cualquier injerencia coactiva o discriminatoria.”

Hasta allí la cita. El proyecto tampoco fue tratado en la Convención Constituyente de 1994 por efecto del “Acuerdo de Olivos”.

Hoy en día nos encontramos conmocionados por el acelerado incremento de las penurias resultantes de la aplicación de políticas económicas que favorecen la concentración de la riqueza social en pocas manos. Pero esta consternación no eclipsa ni resta volumen a la centenaria injusticia que representa el sostenimiento del culto católico apostólico romano por el Estado Argentino.
Propiciamos por lo tanto una reforma constitucional integral que promueva el efectivo goce de los derechos económicos sociales y culturales, incluyendo entre ellos a la soberanía política, la independencia económica y la justicia social.

Pero tal reforma, para ser profunda, deberá terminar con los privilegios que el Estado Argentino confiere a la Iglesia Católica Apostólica Romana, sostenida materialmente por un pueblo caracterizado por la diversidad de las creencias y convicciones de sus habitantes.

Mendoza, Argentina, 4 de marzo de 2017  Aniversario del petitorio de los 22.000. Día del laicismo argentino.

A.P.D.H. San Rafael


[1] Ravignani, Emilio (1938): Asambleas Constituyentes Argentinas seguidas de los textos constitucionales, legislativos y Pactos Interprovinciales que organizaron políticamente la Nación. Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires. Tomo quinto. Páginas 784-785. (Disponible en http://ravignanidigital.com.ar/asam… y http://ravignanidigital.com.ar/asam… )

[2] Disponible en http://www.senado.gov.ar/parlamentario/convenciones/descargarAdjExp/164. El proyecto fue presentado a la Convención Constituyente de 1994 por José Miguez Bonino, Eugenio Raúl Zafaroni, Adriana Puiggrós, Eduardo Barcesat, Graciela Fernández Meijide, Juan Schröder, Luis Montes de Oca y Luis A. Rébora.


Fuente: · Fuente: A.P.D.H. San Rafael · 4 marzo, 2017


Un debate que crece

Separación de Iglesia y Estado: miles de personas iniciaron sus trámites de apostasía

La chica, arrodillada en el piso, ofrecía telas naranjas y pinceles con pintura negra: “Escribí lo que quieras”. Así, las rejas que protegen la esquina de Callao y Corrientes quedaron decoradas con frases: “Si la Iglesia se sigue metiendo en nuestro Estado vamos a ir a coparle el Vaticano”, “Mi cuerpo es mío”, “No en mi nombre”, “Saquen sus rosarios de nuestros ovarios”. Allí mismo, una mesa con pilas de formularios para renunciar a la Iglesia. En unas horas apostataron unas mil personas.

Apostatar significa desligarse institucionalmente de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es la segunda jornada de Apostasías Colectivas. La primera fue el 8 de agosto, el día que se debatía el aborto en el Senado. Aquella vez, 2.500 personas apostataron en todo el país (1.200 de la ciudad de Buenos Aires). Este sábado fueron muchas más porque la campaña se hizo fuerte en las redes sociales y hay varios sitios proponiendo apostasías colectivas y el uso de pañuelos “naranjas” y “negros” con el lema “Iglesia, Estado, asuntos separados”.

Leer mas la nota de Clarín


Separación de Iglesia y Estado

Las religiones tienen todo el derecho (y las defiendo en eso) en no aceptar la homosexualidad; demográficamente las arruinaría. También tienen todo el derecho en criticarla pública y privadamente, en ejercer presión y convocar a sus creyentes, seguidores o feligreses a favor o en contra de un tema. Eso es parte del juego democrático.

A lo que no tienen derecho es a actuar como si ellas fueran el Estado. Los Estados en donde las religiones mandan se llaman teocracias, no repúblicas. Y teocracias hoy día solo hay dos: el Vaticano e Irán.

Para entender mejor el porqué de la necesidad e importancia de la separación de Iglesia y Estado, aquí va un ejemplo. Las sinagogas recojen donaciones; ellas tienen todo el derecho a usar sus fondos para propagar su fe y extender solidaridad entre los suyos o a quienes ellos consideren prudente. Igual hacen las mezquitas, los templos hindúes, las iglesias cristianas, católicas y otras religiones.

Es por esto que un Estado laico garantiza libertad de credo, y su existencia neutral permite que cada quien profese su religión sin temor a ser torturado (la historia nos enseña que no siempre ha sido así).

El Estado recoge impuestos, no ofrendas, de todos sus ciudadanos, sin importar credo, fe o religión. Y es deber del Estado usar esos fondos sin favoritismos religiosos. Por eso el Estado es y debe ser laico. Es así de sencillo.

El Estado tiene todo el derecho en aceptar la legalidad de la unión civil de dos seres humanos (la tendencia sexual de cada adulto es un asunto privado, no público). Eso no es problema de las religiones ni las afecta. La unión legal de dos personas es pragmática para cosas tan sencillas como préstamos, herencias, demandas, seguros, adopciones, divorcios, etc. Todos asuntos legales, no religiosos.

Si a una pareja solo le interesa legalizar su unión para los efectos y ejemplos arriba descritos, y jamás pisar una iglesia, templo, mezquita, sinagoga, parroquia, tabernáculo o casa de oración, entonces, ¿cuál es el problema?

Cada uno tiene todo el derecho a profesar la fe que le regocije su alma. Pero las religiones no tienen por qué decirle a un Estado laico qué y cómo definir la unión legal de dos personas. Hay que saber separar una cosa de la otra. El Estado tiene todo el derecho a decidir sobre la unión de dos ciudadanos adultos (énfasis en adultos).

Es patético el silencio de tanto macho alfa sobre la crisis de embarazos precoces, la violencia familiar o la cantidad de hijos que crecen con padres ausentes. Ven la paja en el ojo ajeno, y no ven la viga en el propio. Amen más y juzguen menos.

El Estado no está en el negocio de salvar almas, y las religiones, en una república, no deben buscar imponer su fe particular a través de leyes. Panamá no es una teocracia. Quienes desean una se pueden mudar al Vaticano o Irán.

Franklin Nelson Arias


Enlaces externos para seguir profundizando sobre este tema:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s